Pros
quieres vivir la experiencia completa de “aprender bajo presión”, este lugar no decepciona. Cada día era una mezcla entre soporte crítico, ruleta rusa tecnológica y documental de National Geographic sobre sistemas en peligro de extinción.
El stack era una combinación mística de C#, Blazor y SAP sostenidos por una infraestructura tan frágil que un cambio en producción se sentía como mover un Jenga durante un terremoto.
Aprendí muchísimo:
- monitoreo de incidentes,
- supervivencia emocional,
- y cómo detectar el sonido exacto de un servidor a punto de rendirse.
Cons
La cultura laboral estaba basada en disponibilidad infinita. Llamadas fuera de horario, guardias en fines de semana y puentes, y la constante sensación de que cualquier módulo podía colapsar si alguien tocaba el código incorrecto.
También existía la interesante teoría empresarial de que “debíamos horas” por trabajar cinco días aunque literalmente ya trabajábamos más de lo sano. Nunca había visto una empresa convertir la explotación en fanfiction legal tan creativa.
A nivel técnico, gran parte de la operación parecía sostenida por:
- scripts olvidados,
- consultas SQL prohibidas en varios países
- un SAP emocionalmente inestable,
- y el miedo colectivo del equipo.
El ambiente además era bastante tóxico y anticuado. Algunos gerentes seguían atrapados en una mentalidad boomer donde modernizar procesos era opcional pero opinar sobre diversidad y temas sociales aparentemente no.
Y todo esto… por salarios bastante por debajo del estándar del mercado para ingeniería. Honestamente sentías que el sueldo estaba calculado con la misma estabilidad que la infraestructura.
Uno de los momentos más surrealistas fue cuando nos gritaron que no habría utilidades porque “la empresa estaba en pérdida”, mientras que los directores seguían gastando como si estuviéramos financiados por el petróleo saudí.
La dirección tenía energía de:
“¿documentación?, ¿modernización?, ¿balance vida-trabajo?... mejor otra junta de emergencia”.